La experiencia de las pasantías laborales -14/08/2016-

Sexto año incluye experiencias de esas que hacen saber que la infancia no está tan lejos y el mundo adulto tampoco. A un paso de terminar la educación secundaria y con ella la parte obligatoria de la enseñanza formal, surgen las preguntas sobre las decisiones a tomar para continuar con esta parte de la vida en la que se empieza a elegir. ¿Trabajar? ¿En qué? ¿Estudiar? ¿Dónde? ¿Qué carrera? ¿Viajar? ¿Profesionalizarse en un deporte? ¿Emprender algún proyecto personal? ¿Cómo hacer con lo económico? ¿Qué va a pasar con las amistades que los acompañaron hasta aquí? ¿Cómo se redefinen los roles? ¿Qué nuevas responsabilidades pueden surgir? ¿Se extrañará lo anterior? ¿Será un desafío lo que va a venir?

Para cada uno de los estudiantes del secundario que está en esta etapa del camino, probablemente las respuestas sean únicas. Lo único esperable puede ser, solemos decir desde la escuela, que traten de resolverlas desde la intersección del compromiso, las ganas, la pasión, el deseo, la ilusión y lo que realmente los representa, porque en eso pondrán su responsabilidad y su esfuerzo, y podrán hacerlo mientras lo disfrutan.

Tratando de ayudarlos a elegir, confirmando o descartando elecciones hechas, el régimen de pasantías surgió hace ya veinte años, desarrollado en consonancia con el espacio de Formación para la Vida y el Trabajo. Las pasantías posibilitan a los estudiantes articular teoría y práctica, confrontar los saberes teóricos adquiridos, desarrollar conocimientos y habilidades y anticipar posibles situaciones que se les podrían presentar en el futuro en ámbitos profesionales y/o laborales. Más allá de ofrecer a los estudiantes un espacio de conocimiento en la acción, estas prácticas consisten simbólicamente en un paso, un ejercicio del estudiante en un lugar de trabajo específico, con todas sus características y demandas, incluso con la experiencia previa y todo lo que significa que haya puertas que se abran y otras en las que los esperen algunos “no” ante el pedido de hacer allí su pasantía.

Las pasantías son en sí mismas un acto educativo e incluyen muchas etapas de trabajo: redacción de curriculum vitae y carta de presentación, selección y búsqueda de lugares donde presentarse como pasantes, entrevistas, autorizaciones, etc.

Quienes asisten a las pasantías lo hacen como representantes de la institución educativa, por lo que ese acto también implica poner en práctica todo lo aprendido durante los años de secundaria. Y por ello, nuevamente, son una proyección a futuro pero también una muestra del camino recorrido.

Muchos estudiantes participaron este año de las pasantías. Dos de ellos nos acercaron el resultado de la experiencia.

Nerea Giribaldi realizó sus pasantías en el Hospital Municipal Gumersindo Sayago.

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Nerea nos cuenta: “Estuve en la guardia, servicio social, nutrición y pediatría. Fue una experiencia hermosa. Estar entre pacientes, ayudar, sentirse parte fue más de lo que esperaba. En pediatría ayudé midiendo bebés y controlando la saturación de oxígeno en sangre. En nutrición aprendí de dietas, números para reconocer problemáticas relacionadas con la alimentación, medición de la masa corporal general. En servicio social observé cómo se realiza la entrega de medicamentos a quienes los necesitan. Y en la guardia aprendí muchas cosas generales sobre la vida en el hospital y las medidas de emergencia. En diabetología pude tomar la presión, medir y pesar. Y en el área de cirugía pude presenciar dos cirugías de vesícula, dos colecistectomías laparoscópicas. Fue una experiencia asombrosa. Me enseñaron medidas higiénicas, operatorias, post operatorias. Aprendí sobre los efectos de la anestesia y cómo despertar a un paciente. Recuerdo perfectamente la calma adentro del quirófano, la concentración absoluta… ¡es maravilloso ver como todo empieza y termina como si no hubiera pasado nada!”.

Varias alumnas del colegio participaron de la experiencia de las pasantías en el Hospital. Todas destacaron lo bien que se sintieron, cuánto aprendieron, cuánto les sirvió. Al preguntarle a Nerea qué cree que hicieron las pasantías por ella, nos contó:

“Lo que hicieron las pasantías por mí fue enamorarme mucho más de la carrera. Yo sabía que me gustaba pero me enamoró cada cosa que pude hacer: desde la tranquilidad de una consulta hasta la crudeza de una cirugía. Y todo me gustó. Antes de las pasantías yo decía que nunca iba a hacer tareas de consultorio, porque las consideraba aburridas. Sin embargo, cuando estuve en diabetología descubrí que el trabajo de consultorio es hermoso y válido también para mí. Las pasantías me enamoraron más del trabajo de hospital y hoy sé que puedo trabajar en cualquier área. Quiero tomar el ejemplo de varios doctores y ser como ellos, por la atención que dan, por lo que dejan en ese trabajo diario.”

Roberto Ruiz realizó sus pasantías en Radio Carlos Paz.

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La experiencia también dejó huellas en su vida. “Me permitieron tener algunos espacios co-conduciendo en Impacto Deportivo, un programa de Manuel Corral que va de 20 a 21.30 horas. Debatimos sobre la selección argentina y nuestros equipos de fútbol. La experiencia me hizo muy feliz. Y estoy muy contento porque puede llegar a extenderse, ya que me ofrecieron que siga participando una vez terminadas las pasantías”.

Para muchos de nuestros estudiantes, algunas preguntas empiezan a encontrar respuestas. Y algunas experiencias empiezan a emocionarlos, a hacerlos sentir parte y darles ganas de proyectar y asumir este nuevo camino que empezarán pronto. Es un gusto y un orgullo que puedan hacerlo mientras todavía siguen siendo un poco “nuestros” y mientras estamos acá, junto a ellos, para compartir la experiencia.

Como institución educativa agradecemos a las distintas entidades receptoras la posibilidad que les brindan a nuestros jóvenes al abrirles sus puertas y predisponerse a ser parte de este trayecto central en su educación. Este espacio solo es posible porque hay personas e instituciones que confían en nuestros jóvenes y comprenden que su educación es tarea de toda la comunidad. Nuestro agradecimiento, entonces, a cada una de las personas que abrió una puerta, que escuchó un pedido, que se tomó su tiempo para enseñar, para compartir, para educar y que, sin saberlo quizás, se convirtió en referente y guía. Como muestra de reconocimiento retomamos un proverbio africano que solemos repetir en distintos momentos de encuentro: “para educar a un niño hace falta la tribu entera”.

 


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