El viaje a Salta y el sueño de reforestar el monte

El primer vivero en espejo ya es una realidad en Salta, en la comunidad wichí de Mauro Vaca y Margarita. Ellos se definen a sí mismos: saben que son monte. Lo que no logran entender todavía es por qué las topadoras arrasan con su identidad, con su posibilidad de vida, con su legado ancestral, con su ser.

Frente a esa destrucción, un grupo de profesores y alumnos, junto a la Fundación Deuda Interna, viene trabajando por los wichís y su monte. Frente a las topadoras, ellos ofrecen herramientas para construir. Frente a la muerte de árboles ancestrales, semillas de plantas autóctonas. Frente a las multinacionales cuyos objetivos no pueden entenderse desde la mirada de un wichí, ellos ofrecen su trabajo y se plantean respetar los objetivos de una comunidad con idiosincrasia propia. Frente a lo que desaparece sin que nadie haga nada, se consolida lo que aparece porque alguien hace algo.

Los profesores Andrea Schnidrig, Cecilia Rando y Nicolás Kippes, junto a nuestra exalumna Casandra González y a Marcela Claría, de la Fundación Pumakawa y de la Fundación Roots and Shoots, viajaron a Salta con muchos objetivos: poder participar de la vida en comunidad de Mauro Vaca y su gente, acercarse a la comunidad escolar de allí, hacer realidad el primer invernadero y recuperar el monte.

En diálogo con la profesora Andrea Schnidrig, nos vamos enterando de los principales problemas de la comunidad: los desmontes por la soja, la falta de agua, la carencia de alimentos son las realidades diarias de una población que solo tiene una comida al día, que recién ahora –por el trabajo de la Fundación Deuda Interna- tiene un precario e incipiente pozo de agua con el que apenas pueden llenar dos bidones diarios por familia, de un agua que no está potabilizada pero que al menos ahora pueden consumir.

La casa de Mauro y Margarita recibió a quienes iban al encuentro de una experiencia de intercambio y aprendizaje. Allí compartieron una primera comida, con todas las donaciones de alimentos que habían hecho nuestros alumnos, quienes demostraban de alguna manera sus ganas de ser parte de este viaje y de esta realidad que no queremos que nos quede tan lejos.

Destaca la profesora Andrea: “la casa de Mauro y Margarita funciona como un lugar de contención. Su patio, su cocina, no tiene límites con el vecino. Yo me preguntaba, ¿qué significará para ellos ser un cacique? Y la casa de un cacique es el lugar al que ellos acuden;  a pedir ayuda, a contar sus problemas, es el lugar de reunión. El cacique es el que está para todos”.   Allí compartieron la primera comida. En el patio comenzaron las obras para el vivero.

“Cuando el wichí pierde su monte, se muere. Porque el wichí es monte”, repite la profesora, recordando palabras de Mauro Vaca.  Hoy su suelo está árido, erosionado, infértil. Su cubierta orgánica se perdió. Objetivos ajenos a los de su comunidad fueron llevándolos hacia la muerte del monte. Y eso es como llevarlos a su propia muerte. Esa deuda quiere comenzar a saldar el grupo de profesores que confía en devolverles un poco de monte.

Para eso comenzaron buscando donaciones de materiales para el invernadero, hasta completar todo lo necesario. Luego compraron los materiales faltantes, en el pueblo cercano a la misión. Llevaron herramientas y todo lo necesario para trabajar. Mauro decidió que el terreno para la construcción fuera su casa, que es el lugar común para toda la comunidad y el espacio de referencia para los wichís. Allí comenzaron a armar un invernadero igual al que ya habían hecho en nuestra escuela. Mauro los esperaba con el terreno nivelado, los postes seleccionados y el lugar cercado.

Ya hecho el invernadero, después de dos días y medio de trabajo en los que se aprovechaban todas las horas de luz, comenzó el preparativo de los plantines. Desde aquí llevaban las semillas. Pero no podían ser semillas cualquiera: debían ser de la zona, se trataba de respetar las especies que realmente fueran del lugar. En la Facultad de Agronomía de Córdoba consiguieron semillas pre-tratadas para aumentar el poder germinativo, pero que son de Salta, por lo que se garantizó el respeto por los árboles que tuvieran la información genética adecuada al lugar. Pumakawa también aportó semillas que ellos vienen juntando del monte. Lo importante es la carga genética de esas semillas.

Así hicieron cerca de mil plantines junto a todos los chicos de la comunidad. La primera etapa está en marcha. En el mes de marzo los espera otro viaje: en él podrán ir al monte y trasplantar los plantines. Será la etapa de reforestación. El monte los espera para empezar a renacer. La historia pasada no se borra, pero puede construirse una nueva, con el respeto por esta cultura que mira con ojos atónitos algunos atropellos, con el respeto por esta cultura que nos enseña otros tiempos, otra relación con la naturaleza y otra idea de ser humano.

El grupo de docentes que viajó a Salta agradece especialmente a Roxana, de Ferretería Avenida, por la donación de materiales. Al intendente Avilés, por la donación de $5000 para el combustible. Al Instituto Parroquial Bernardo D’Elía, que se hizo cargo de los gastos de quienes viajaron y apoyó la iniciativa desde sus comienzos. A la Fundación Deuda Interna, que puso a disposición dos Trafic para esta construcción conjunta del invernadero.

  Salta 1

Salta 2

Salta 2.1

Salta 3

Salta 4


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