El General San Martín – Entre su pasado y nuestro presente – 17/08/2016-

La escuela plantea algunos rituales. La formación, el encuentro de cada mañana, los actos escolares, el izamiento de la bandera, los himnos, las conmemoraciones son parte de aquello que construye nuestra memoria colectiva.

En la mañana de este 17 de agosto, el profesor Fermín Borthelle fue el encargado de proponernos que volviéramos la mirada a la figura de San Martín para pensar en sus representaciones a lo largo de la historia y a través de las escuelas, lugares claves de nuestra memoria comunitaria.

Al abrir su charla, nos pintó esa imagen que suele recortarse en las carteleras escolares: la de un San Martín vestido de militar, gallardo, esbelto, firme y en primer plano, con la Cordillera de los Andes como fondo ineludible. Ese San Martín es el que llega a nosotros por sus merecidos honores, por sus batallas. Se trata del San Martín de las hazañas, asociado al éxito en la contienda y a términos como gesta, proeza, bronce.

Sin embargo, reflexionaba el profesor, en estos tiempos actuales en los que impera la necesidad del éxito, la eficiencia y la recompensa inmediata, San Martín nos llama desde un pasado que no siempre fue heroico, para pedirnos que nos detengamos en dos valores que llevó adelante y que no siempre logramos rescatar a través de sus esculturas, sus imágenes, sus biografías. Dos valores: honestidad y austeridad.

Desde esos principios, San Martín fue el primero en defender el espíritu latinoamericano y pelear por algo más que su país de nacimiento. Hoy resuenan en nosotros las ideas del mercado común, de las fronteras sin pasaporte. Sin embargo, en tiempos de San Martín, reunir banderas como la de Argentina, Chile y Perú implicaba comenzar a dibujar en nuestros mapas mentales e históricos la existencia de sentidos latinoamericanos por primera vez. Latinoamérica empezaba a hacerse posible.

La honestidad y la austeridad hicieron que el General luchara por sus convicciones y las antepusiera a sus intereses personales. Y eso no lo llevó al bronce sino que lo condujo a una muerte en la más desesperada pobreza. No obtuvo recompensa económica y ni siquiera supo, al morir, qué sería del destino de su patria. Cuando falleció en 1850,  la Argentina como Nación aún no existía.

Vale entonces, a partir de estas palabras que nos permitieron compartir la ceremonia de la conmemoración, pensar en los sentidos que la memoria colectiva puede recortar hoy, ya no porque necesitemos accionar a través de batallas, cruces históricos y gestas épicas, sino porque necesitamos como sociedad recuperar eso que está por debajo del bronce y la estatua y que, sin embargo, es lo que podríamos elegir a la hora de medir la estatura de nuestros referentes.

Nos sumamos a la reflexión final del profesor Borthelle con estas palabras sobre San Martín con las que no solo terminaba el espacio de encuentro, sino que al mismo tiempo abría la posibilidad de pensar en las luces y las sombras, invitándonos a construir nuevas imágenes colectivas sobre la grandeza, el heroísmo y la patria:

“Es verdad que, como dice su himno, grande fue cuando el sol lo alumbraba. Sin embargo, yo prefiero pensar que más grande fue en la puesta del sol”.


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