Despedimos a la Promoción 2017 – 15/12/2017-

Quizás solo al verse reflejados en las imágenes del video que suele cerrar el Acto de Colación, nuestros alumnos tomen conciencia de cuánto pasó. Y nosotros también. Nos emociona verlos encontrarse en un puñado de fotos con unos años menos, mirarse crecer a través de esas imágenes… y reencontrarse con esos que fueron, mientras saben que están empezando a ser otros. Ya más grandes, ya con proyectos de mayor autonomía, ya con sueños que nos unen a ellos… pero que suenan a despedida.

Y los acompañamos durante su Acto de Colación mirando sus risas cómplices mientras comparten anécdotas que los unirán para siempre, emocionándonos como adolescentes mientras vemos asomar alguna de sus lágrimas o sospechamos alguna congoja, compartiendo la felicidad plena del trayecto compartido y del trabajo que hicieron. Los acompañamos en ese acto conteniendo emociones, porque sabemos que en breve vendrán los abrazos finales, los “¡y sexto no se va!”, las miradas nostálgicas cuando miren a la escuela que los recibía todos los días y que empieza a decirles adiós.

Y es que de eso se trata la educación: de acompañarlos para que puedan crecer, puedan transformarse y puedan ser ellos mismos. Para que puedan decidir en libertad, para que tengan herramientas para hacerlo. Para que construyan siempre desde la memoria y, entonces, resurja lo compartido.

El Acto de Colación de la Promoción 2017 tuvo lugar el jueves 7 de diciembre. Diferentes ceremonias guiaron la jornada: el Himno de la escuela, el Himno Nacional interpretado por los propios chicos de sexto con el acompañamiento de los cajones peruanos, la bendición del Padre Hugo, el cambio de banderas, las palabras de la Directora, el video final con una canción interpretada especialmente para los chicos y, por supuesto, la entrega de los diplomas.

“Y sexto no se va, sexto no se va”, resonó en el final de la jornada. Y es verdad. Cada sexto queda para siempre. No se van. Se convierten en nuestro Himno, en nuestras reflexiones, en nuestras charlas, en nuestros recuerdos, en nuestras esperanzas diseminadas por el mundo.

Hay que despedirse. Y lo hacemos a través de estas palabras que les dedicaba nuestra Directora, la prof. Alejandra Radjondjopulo. Palabras que reafirman lo que ya sabíamos: aunque los despidamos, sexto no se va.

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¡Queridísimos chicos!

Hoy me toca poner en palabras, en nombre de quienes habitamos estos espacios escolares, lo que significa que ustedes, nuestros alumnos, nuestros hijos, dejen la escuela para seguir construyendo y viviendo su proyecto de vida en espacios diferentes a este.

Mil cosas dieron vueltas por mi cabeza… ¿qué decirles? 95 personas que terminan sus estudios secundarios, 95 realidades diferentes… Seguramente, momento emotivo para algunos… alegre, triste, nostálgico, indiferente para otros… Todos han transcurrido y permanecido mucho tiempo entre estas paredes… y lo que vivieron y aprendieron en esos momentos, aquí, en la escuela, es lo que hace o no valiosa esa permanencia. Permanencia que seguramente no fue igual para cada uno de ustedes porque en cada momento tomaron decisiones… Y las seguirán tomando, haciéndose responsables de su propia existencia, de su propia vida. Como cantaría nuestra querida Mercedes Sosa… “Permanecer y transcurrir no solo quiere sugerir honrar la vida”. Y de eso se trata… de honrar la vida…

Hoy ustedes son los protagonistas… Hoy festejan la culminación del secundario, y estamos todos celebrando junto a ustedes.  Los miro pensando en cómo quisimos acompañarlos, dando las herramientas y los espacios para que aprendan a conocerse, a saber quiénes son, qué proyecto de vida están construyendo… Los miro pensando en que, al decir de Frigerio, quisimos construir para ustedes una escuela con sentido vivificante, una escuela en la que hayan podido encontrar un lugar en el cual se sintieran mirados, con esa mirada que viene del alma, del espíritu, esa mirada que nos hace sentir reconocidos. Un lugar en el cual también se hayan podido expresar, en el cual la palabra haya circulado con libertad  […]  deseamos que se puedan llevar lo mejor de cada uno de nosotros. Acá seguiremos estando para ustedes.

Dejar huellas es vivir en otro después de que ya no estamos, es tenerlo permanentemente en el recuerdo. Es sentir su presencia a partir de un aroma, de una canción, de algún libro o de una mirada parecida. Cada uno de nosotros lleva guardado en el corazón miradas, gestos, palabras de muchos jóvenes que, como ustedes hoy, vivieron este espacio enlazados con nosotros a través de sentidos. Cierro los ojos y pasan por mi mente momentos compartidos con ustedes… Y palabras y abrazos recibidos en esta semana, frases que reflejan que lo que hemos intentado sostener en este tiempo no era en vano. Siempre hay alguna persona que, por una razón u otra, nos atrapa la mirada, la atención y el corazón. Y deja huella… Hoy ustedes dejan una huella en nosotros

También sentí que deseaba hablarles desde otro lugar, hablar desde la experiencia de un adulto que los aprecia y que desea que vivan la vida plenamente, sin esa utopía de falsa felicidad que hoy nos muestra entre vidrieras la sociedad, sino con la felicidad plena y profunda que se siente cada día cuando se sabe haberlo vivido profundamente, en base a valores que le dan sentido.

[…] Creo que nunca van a alcanzar a dimensionar lo que significa, para quienes entendemos que educar es generar lazos, poder compartir sus logros, sus angustias, sus alegrías… Les puedo asegurar que muchas veces nos ayudan a creer en nosotros mismos. Y les deseo que esa sea una actitud de vida que hagan consciente: nunca dejen de mirar con el espíritu a quien tienen al lado y dimensionar lo que cada acción, cada gesto pueda generar en ese otro. No se dejen absorber por quienes promueven personas que no piensen; no sean solo un engranaje más de una sociedad apática e indiferente… “Hay tanta manera de no ser, tanta conciencia sin saber… adormecida” sigue la canción…

Caminar el camino de la vida significa optar permanentemente por distintas posibilidades. Una de estas últimas mañanas entré al aula y leí en el pizarrón una frase de las que Laura compartía cada día: “Que tus decisiones sean reflejo de tus esperanzas y no de tus miedos”. Hoy, con más tiempo vivido, trato cada día de aprender a ver más allá y tomar las decisiones tanto con el corazón como con la cabeza. Es algo de lo que aprendí que más satisfacciones me trajo. Que esas decisiones logren que puedan concretar sus sueños, siendo conscientes de que formamos parte de una sociedad y de que está en nuestras manos la posibilidad de construir un mundo común y más justo.

[…] Sin dudas habrá muchos días en que Dios decida cruzar nuestros caminos nuevamente. En especial uno al que los invitamos desde hoy. La cita es dentro de 25 años. Todos juntos. Con proyectos y con una vida vivida plenamente. Ese es nuestro deseo.

Feliz Navidad y que la luz de cada uno de ustedes bendiga sus hogares y nos permita reconocer al Jesús vivo en cada otro y en cada uno de nosotros. Dios los bendiga.

A partir de ahora son parte de la estructura simbólica de esta escuela.

¡Son el Bernardo por siempre!

 


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