24 de Marzo: Cartas por la Memoria, la Verdad y la Justicia -09/04/2018-

09 Apr 2018

A poquito de empezar el año, las voluntades personales de un grupo de docentes y estudiantes de Sexto año A se juntaron y movilizaron para organizar lo que sería la conmemoración del 24 de Marzo, Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. La profesora María Eugenia Ramirez fue quien impulsó el trabajo de muchos, ya que generó espacios colectivos para la participación de todos aquellos que quisieran expresarse y ser parte.

Lo que resultó de esos encuentros fue la organización de una instalación en el patio central del colegio, donde se exhibió la gran consigna que nuclea a todos los que de algún modo se sienten interpelados por esta fecha: el “Nunca Más”. Se decidió hacerla bien grande y cubierta con los claveles rojos de papel que, dentro de la simbología de los organismos de derechos humanos, llevan el mensaje de que “el dolor se hizo esperanza”.

De esa frase se desprendían diferentes imágenes que, juntas y organizadas de un modo particular, transmitían lo que los docentes y estudiantes queremos que no se repita y, también, el reconocimiento y la valoración a los más de 40 años de lucha que organismos de derechos humanos y personas particulares han llevado adelante.

Pero, además, del “Nunca Más” se desprendían un conjunto de cartas, algunas de ellas muy emblemáticas, simbólicas como las de Rodolfo Walsh o Juan Gelman. Otras eran cartas que habían sido escritas de puño y letra por distintos miembros de la comunidad educativa… docentes y estudiantes de diferentes edades que, lejos de la frialdad y la distancia que supone la tecnología digital, escribieron su carta por la Memoria, la Verdad y la Justicia. La puesta implicaba trabajo, pensamiento, historia, emotividad y compromiso.

La intención era que la fecha nos reuniera como comunidad educativa en la reflexión, en la circulación de la palabra, del pensamiento, de las miradas. Y la jornada nos reunió… en pequeños gestos: en la escritura de cartas, en la 

selección de fotografías y la redacción del epígrafe que la iba acompañar, en la elaboración de las flores, en el armado de la instalación, y también en las invitaciones de claveles rojos con su mensaje “todo está guardado en la memoria” que con tanta dedicación y cariño repartían alumnas de Sexto Sociales, en la música y las canciones que se escuchaban en los recreos, y en un momento para pensar juntos.

Porque la escuela en pleno pudo reunirse en el patio para escuchar, para preguntarse, para reflexionar a partir de las palabras de la profesora Maria Eugenia Ramirez y del profesor Nicolás Kippes, que en cuanto supo de la organización de este encuentro, quiso ser parte.

Compartimos a continuación las palabras de la profesora…

Hola. Para quienes no me conocen, mi nombre es Eugenia Ramirez y soy profe de diferentes materias en el Ciclo Orientado, casi todas ellas vinculadas directamente a la Ciencia Política, que es lo que estudié y es lo que amo… casi tanto como trabajar en una escuela.

 ¿Y por qué sería apropiado iniciar estas palabras hablando de mí o de la escuela en una fecha que conmemora el dolor de aquel 24 de marzo? Tal vez para que reflexionemos juntos acerca de lo sencillo que es para mí decir quién soy, cosa que no a todos les pasa, sobre todo si consideramos que de los 500 niños que, se estima,  fueron apropiados durante la última dictadura cívico-militar solo 127 han recuperado su identidad. ¿Y por qué hablar de las escuelas? Quizás porque las escuelas, con chicos como ustedes y docentes como nosotros, también fueron protagonistas de la censura, la persecución y la represión de aquel Golpe del 76. Y si eso sucedió es porque la escuela, entre otras muchas cosas, es el lugar en el que podemos pensar juntos. Es el lugar de los sueños y, he aquí quizás lo más “peligroso”, es el lugar de los sueños colectivos.

 Esa es la idea de escuela que defiendo. Y es quizás por eso que hoy sea el momento oportuno para decir no solo qué es una escuela sino también para aclarar y sostener qué no es. Y no tengo dudas: una escuela no es una empresa. Siempre voy a creer eso y voy a defenderlo, por más que otros me digan otra cosa. Voy a defender eso porque creo que una escuela es un lugar donde circulan y se encuentran pensamientos y saberes de diversa índole y donde, si bien se da lugar a la reproducción social, también es cierto que aquí es posible repensar, reflexionar, debatir y por qué no discutir en torno a todo aquello que nos pasa. En ello y no en otra cosa radica lo político del acto de enseñar. Porque educar es un acto político. Por eso lo amo tanto.

 Creo que el horizonte y el camino siempre pasa por darle sentido a lo que hacemos. Es por eso que desde hace un tiempo soy partidaria de que la conmemoración de ciertas fechas que alguien por nosotros decidió como efeméride, implique en nuestra tarea educativa más que un simple discurso que pocos escuchan y valoran y que gire en torno a qué pasó en esa fecha, sobre todo en tiempos donde esa información la obtengo muy fácilmente a un click de esfuerzo.

 Creo que la conmemoración de ciertas fechas, como la del 24 de Marzo, debe abrir el camino para la reflexión colectiva, en la casa o en la escuela. Y un poco a eso apunta el diseño de este acto (entre comillas) que con mucha dedicación y compromiso organizamos un grupo de profes y nuestros cómplices, los estudiantes de 6to A.

 Este “encuentro” (como prefiero llamarlo) lleva el título de “Cartas por la Memoria, la Verdad y la Justicia” y tiene por finalidad no solo exhibir una galería de imágenes alusivas a la fecha, o difundir una serie de emblemáticas cartas como las de Rodolfo Walsh y Juan Gelman, sino fundamentalmente dar lugar a la circulación de la palabra de cada uno de aquellos miembros de esta comunidad educativa que, independientemente de su edad, de la tarea que desempeñan en la escuela, o de la orientación que eligieron, sintieron y sienten que aún hoy hay mucho por decir. ¿Sobre qué? Entre otras cosas sobre el terrorismo de Estado, la importancia y el valor de la democracia y del Estado de derecho o la trascendencia de seguir abogando por el respeto a los derechos humanos; sobre qué es esto de la memoria, la verdad y la justicia o qué decimos cuando decimos nunca más.

 Alguien que quiero mucho suele decir con regularidad algo que inspiró esta iniciativa que hoy les presento. Ella sabe decir “que el silencio y la indiferencia nunca sean el camino”. Creo que entre muchas cosas, por eso la quiero tanto. Porque no es capaz de callarse… no ha sido formateada para eso. Creo que yo tampoco.

 Todo lo que forma parte de esta muestra, lo que despiertan y mueven las canciones que escuchamos en los recreos, las imágenes y los textos exhibidos no tienen por intención que todos los que nos encontramos aquí reunidos los compartamos o que todos coincidamos. Simplemente son disparadores de esa reflexión que estamos tratando de estimular. Por eso, gracias a todos los que se prendieron en esta iniciativa y se sentaron a escribir; a los que se acercaron a verla y sobre todo gracias a los que después la usaron para debatir, para conversar, para discutir…porque, aunque pensemos distinto, lo que nunca debemos como ciudadanos es no pensar.

 Como ciudadanos y como sujetos políticos, somos constructores de nuestra realidad. Claro está, que esta no depende solo de nosotros, porque somos seres sociales y convivimos con otros… de modo que lo que piensan, dicen y hacen esos otros con los que convivo también construye ese mundo. Entonces, una pregunta posible de hacernos es ¿cómo darle existencia a aquello que pienso, a aquello que sueño, a aquello que quiero? Para empezar, hablando de ello, nombrándolo, dándole entidad. Para ello hay que saber, hay que conocer… ese es un muy buen inicio. Eso que conozco luego me servirá para lo otro que es imprescindible y necesario para construir el mundo que queremos, que es luchar por ello, defenderlo… lo que no es sinónimo de violencia o agresión. Los organismos de derechos humanos que durante más de cuarenta años lucharon y luchan por el juicio y castigo a los responsables del genocidio al que fue sometido nuestro país entre 1976 y 1983 suelen decir “lo imposible solo tarda un poco más”, y realmente creo que es así… aunque también creo que cuando las voluntades son muchas, es posible que se tarde un poco menos.

 Bueno, de mi parte no voy a hablar mucho más, no porque no tenga más cosas para decir sino porque la intención de este encuentro es evitar el monólogo y dar rienda suelta al debate y al intercambio de ideas.

 En la muestra que quedará expuesta también durante la siguiente semana encontrarán cartas escritas por compañeros y docentes. Mi propia carta está allí.

 Y una última cosa, que tal vez sea la más importante de todo esto que dije: busquen siempre la forma de nombrar lo que les importa. Para que no se transforme en nadie ni en nada. Para que sea alguien y algo no solo por sí mismo, sino porque tomemos la responsabilidad de darle existencia.

 

Muchas gracias a todos.

 

 

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