Palabras para compartir… Nunca más…

19 Mar 2015

La sociedad de Villa Carlos Paz se vio atravesada por el dolor en estos últimos días. La escuela no es una institución ajena a lo que vivimos como colectivo social. Y como espacio educativo, la palabra es el lugar para construir el lugar de lo que nos pasa o para deconstruir lo que sucede.  En medio de la indiferencia o la apatía, tomar la palabra es una forma de combatir, desde nuestras instituciones, la desidia.  Compartir la palabra con los alumnos y con la comunidad educativa en general, nos permite ser protagonistas de los que nos pasa. Para poblar espacios, para cambiar desde el pensamiento.

Ante los acontecimientos de público conocimiento, que afectan a nuestra ciudad, una profesora del Instituto Parroquial Bernardo D’Elía,  María Eugenia Ramírez, tomó así la palabra para movilizar nuestras reflexiones y compartir su punto de vista:

Duelen las miradas… los silencios… las voces entrecortadas. Duele la falta de humanidad.

Cuesta pararse frente al aula y dar materias en las que las que hay que afirmar que la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo; cuesta decir que la ley se aplica en igualdad de condiciones para todos; hablar de la justicia como uno de los pilares de nuestros gobiernos; cuesta hablar de representantes. Y cuesta porque hoy descreo (más que nunca) de los procedimientos policiales tanto como de los judiciales.

Hoy para Carlos Paz las víctimas de las que siempre hablan los diarios TIENEN NOMBRES. Hoy siento bien cerquita mío la presencia de la burocracia, la corrupción, la inoperancia y la negligencia institucional. Y así como yo la siento, creo que otros también lo hicieron… y por eso salimos: porque no da lo mismo hablar que callar, hacer que no hacer.

Lo he dicho muchas veces: estoy absolutamente convencida de que la escuela debe ser un lugar de reflexión y desaceleración en un mundo acelerado, imprudente y desconsiderado. La escuela debe constituirse en una institución que ampare a los jóvenes de la pobreza de sentidos que hace incomprensibles las situaciones de nuestro acontecer cotidiano. Y por eso, NO PODÍA NO DECIR NADA. No podía no decir la alegría (si cabe el término en ese contexto) que me provocó verlos a muchos de ustedes ahí, ocupando espacio, SU ESPACIO.

Alguien una vez dijo, con mucho acierto a mi entender, que nuestra tarea como adultos no es solo preguntarnos qué mundo vamos a dejar a nuestros niños sino también qué niños vamos a dejar a este mundo. Y en mi tarea cotidiana no hago sino tratar de responderme esa pregunta. Porque educar una persona no es fabricarla en base a un modelo prototípico preexistente, sino darle las herramientas y el poder para que ella sobrepase aquella herencia que le ha sido transmitida.  En ello radica la esperanza del acto de educar. Y por eso estoy acá: porque siento la responsabilidad del presente y del futuro.

Ojalá encontremos consuelo. Ojalá, aunque sea en parte, este provenga de esclarecer estos hechos. Ojalá quienes deban rendir cuentas, alguna vez lo hagan… este sería un buen comienzo.

Nada más. Nunca más.

Perdón por la tristeza.

Eugenia Ramírez

 

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