24 de Marzo: Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

01 Apr 2015

Como escuela confiamos en el gesto de recuperar días como el del 24 de Marzo, no como espectadores que contemplan su historia a la distancia, sino como protagonistas que construyen desde el hoy el sentido de esa historia que no se cierra en nuestro pasado.

Docente referente del área de las Ciencias Sociales de nuestra institución, la Prof. María Eugenia Ramírez fue la encargada de invitarnos a pensar y a ser protagonistas, a través de estas palabras que compartió con toda la comunidad educativa:

 

El 24 de marzo de 1977, el hoy desaparecido periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh dirigió al por entonces gobierno de facto de Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti una carta que iniciaba más o menos así:

“El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado unbalance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.[1]

Y si bien el tiempo y la historia le darían la razón, no fue sino hasta agosto de 2002 que el Congreso de la Nación reconoció a través de la sanción de la ley 25.633 la fecha del 24 de marzo como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. En el año 2005, por impulso del Poder Ejecutivo Nacional, el día pasó a tener la categoría de “no laborable”, no con la intención de asociarlo a un día festivo sino para hacer de él una jornada de reflexión. Y a eso apuntan estas sencillas palabras.

En 1985, en ocasión del Juicio a las Juntas, Emilio Massera supo decir al tribunal: no íbamos a tolerar que la muerte ande suelta en la Argentina”. Qué paradójico, ¿no? Que la autoridad de la Armada Argentina, de la que dependía directamente el centro clandestino de detención más grande que tuviera nuestro país en esos años, hable en esos términos. Y claro, lo hacía así ya que para él la “muerte” la encarnaban los que ellos definían como la guerrilla subversiva. Y ¿cuál fue la respuesta que se dio desde el Estado a la guerrilla subversiva? La instalación de un Estado terrorista y genocida. Es decir, como bien expresó el recientemente fallecido fiscal Julio Cesar Strassera, si los guerrilleros secuestraban, torturaban y mataban, ¿qué hizo el Estado para combatirlos? Secuestrar, torturar y matar en una escala infinitamente mayor, con el agravante de hacerlo al margen del orden jurídico que el mismo Estado supone. Y de aquí se derivan consecuencias mucho más graves: porque, ¿cuántas de las víctimas de la represión eran culpables de actividades ilegales?, ¿cuántas inocentes? Jamás se sabrá… y no por culpa de las víctimas.[2]

Pero las intenciones de este fiscal iban mucho más allá de expresar lo inapropiado de hablar de “dos demonios”, y de allí la fuerza, creo yo, de su alegato. Su “NUNCA MÁS”, que era nuestro… que es nuestro, abogaba “para que ese ineludible acto de justicia sirva también para condenar el uso de la violencia como instrumento político, venga ella de donde viniere; para desterrar la idea de que existen “muertes buenas” y “muertes malas” según sea bueno o malo el que las cause o el que las sufra.”

La idiosincrasia política de los argentinos que en algunos se manifiesta en el “no te metás”, y en otros en la tendencia, por un lado, a la filiación y el amor acrítico y, por otro, a la crítica desalmada y encarnizada de todo aquel que piense diferente, es una de las tristes y dolorosas herencias de ese pasado. Están los K y los anti-K, y esa manía de ambos de creer que quien no está de un lado, necesariamente está del otro. Están quienes hablan de gobernantes resentidos y de la política de DDHH como un negocio y los que creen que la crítica a un gobierno personalista, hiperpresidencialista y en muchos casos asistencialista, los transforma en golpistas. Me pregunto yo, la presencia de ciertos términos en los discursos de oficialistas y opositores, ¿no nos estaría habilitando a reflexionar en torno a los usos políticos de ese funesto pasado? Por ejemplo, cuando hablamos de memoria, ¿de qué memoria hablamos?, ¿qué es lo que debemos recordar?, ¿por qué solo eso y no también tantas otras cosas que históricamente diferentes sectores de poder han tratado de invisibilizar y por las que es necesario también pedir justicia?

Creo que como escuela no debemos desconocer ni abandonar nunca nuestra función socio-política porque es aquí donde es posible difundir la idea de que la política no es el arte de la confrontación, sino de la deliberación y el consenso; donde es posible enseñar que la democracia es algo que se construye no desde el enfrentamiento, la exclusión y el corporativismo sino desde la abierta aceptación de que somos y pensamos distinto, y de que hay instituciones que cuentan más que los intereses de un grupo.

Intentemos lo que Walsh, ensayemos juntos hacer un análisis de los 39 años que transcurrieron desde aquel 24 de marzo del ’76. ¿Qué hemos heredado de los gobiernos de facto? Lamentablemente “desaparecidos” y “perejiles”, realidades y expresiones que hoy resuenan en nuestra cotidianeidad; una deuda externa y un modelo neoliberal que se impuso cómodamente incluso en tiempos de democracia y que condenó a la pobreza y la exclusión e incluso a la muerte por enfermedades curables a muchos argentinos. Heredamos también formas lamentables de dirigir un espacio público supuestamente democrático.

Ahora bien, si este pretende ser un análisis medianamente sensato, no son datos menores advertir, por ejemplo, la existencia misma de esta fecha como un día de reflexión o que sea tal vez la nefasta experiencia pasada la que en parte explique que los argentinos estemos viviendo el período más extenso de democracia que tuviera la historia de nuestro país.

Este tiempo de democracia ha hecho que de a poco estemos recuperando espacios de participación ciudadana; que prácticas ciertamente enraizadas en el manejo de lo público hoy al menos se estén discutiendo y resignificando, o que ciertas políticas antes focalizadas hoy se piensen en términos universales.

Tampoco es un dato menor que, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países, en el nuestro, figuras del calibre de Jorge Rafael Videla y Antonio Bussi, murieron condenados por los delitos de lesa humanidad que cometieron y sin honores castrenses. Y no nos olvidemos de advertir que este año, por primera vez, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, podrá conmemorar esta fecha de la mano de su nieto recuperado.

Y estos logros son nuestros, de nosotros como sociedad. Porque si bien hubo gobiernos que apostaron por la memoria mientras otros incentivaron el olvido, estos logros no atribuibles con exclusividad a ningún gobierno. ¿Por qué no? Porque también son resultado de la lucha de quienes murieron, desaparecieron o se exiliaron durante el tiempo que duró el terrorismo de Estado; son el corolario de la lucha inclaudicable que durante años llevaron adelante asociaciones civiles como HIJOS, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Solo así podremos reconocer que los derechos de los que hoy gozamos no son el simple resultado de haber nacido humanos, como el liberalismo nos ha querido convencer; los derechos de los que hoy gozamos son el resultado de la lucha de generaciones anteriores a la nuestra que no sólo fueron capaces de imaginar un mundo mejor y más justo, sino  que se constituyeron en protagonistas del cambio.

En tiempos de individualismo, apatía y desconsideración de todo aquello que no me afecte directamente y en tiempo presente, creo que la escuela debe ser un lugar de reflexión. Ojalá estas palabras sirvan para hacer de la jornada del 24 de marzo un día en el que nos repensarnos como sociedad. Ojalá estas inquietudes y reflexiones que hoy comparto con ustedes sirvan para pensar las opciones del pasado con la esperanza de iluminar las decisiones del presente y el futuro. Y ojalá lo hagamos juntos, los que lo vivieron en primera persona y los que no… ¿por qué? Porque lamentablemente unos y otros muchas veces somos o seremos convocados a actuar bajo la estéril lógica amigo-enemigo, y porque si la seguimos o regimos nuestro accionar socio-político por la desdichada frase de “al enemigo ni justicia”, tristemente nos quedaremos todos sin ella.

 firma

 

 

MUCHAS GRACIAS.

 

[1] Walsh, R. “Carta abierta a la Junta Militar” En línea:  (1977)  http://archivohistorico.educ.ar/sites/default/files/VIII_09.pdf

[2] Fragmentos del alegato del fiscal Strassera en ocasión del Juicio a las Juntas en 1985. En línea: http://archivohistorico.educ.ar/sites/default/files/IX_04.pdf

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