REINAUGURACIÓN DEL VIVERO ESCOLAR

23 Apr 2015

Segundo año del Proyecto Arbolar

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El viernes  17 de abril fue un día diferente para nuestra comunidad educativa. Porque fue un día de retomar proyectos, de refundarlos. Entre otras cosas, porque una institución escolar construye su propia historia y va generando hitos. Hitos que hablan de los objetivos de esa escuela, de su compromiso y de su lugar ante la conflictiva sociedad actual.

Durante el año 2014, la comunidad wichí -liderada por el cacique Mauro Vaca- recibió en Salta a un grupo de alumnos y docentes del Instituto Parroquial Bernardo D’Elía. En ese momento comenzaba un sueño compartido: el de la comunidad wichí, peleando por sus derechos en una sociedad que –aun cuando desde lo visible a veces parece hacerlo- no siempre les da un espacio real; y el de nuestra comunidad educativa, que comenzaba a saber que tenía mucho que aprender de ellos, y empezaba a soñar con construir una relación que hoy ya se consolida a través del tiempo.

En diferentes momentos del año, Mauro Vaca nos acompañó en la escuela. Y el viernes 17 de abril de este año, volvió a hacerlo. Junto a su madre Margarita, se hizo presente en nuestro Centro Parroquial para compartir la reinauguración del vivero. La convocatoria surgió de un equipo de trabajo comprometido con las premisas del desarrollo humano, el respeto al medio ambiente y la posibilidad de una convivencia de justicia y equidad.  El proyecto, a cargo de la Profesora Andrea Schnidrig, principal referente del Proyecto Arbolar en nuestro colegio, cuenta con un equipo de trabajo integrado por los profesores de Nivel Medio, Cecilia Rando, Claudia Fusé, Eugenia Ramírez, Luis Pérez, Gonzalo Racigh, Nicolás Velasco y Daniel Ribetti, y la docente de nivel primario, Jacquelina Giordana, junto a un valiosísimo grupo de trabajo conformado por Carina Chimenti y Verónica Villacorta.

El día fue inaugurado a primera hora de la mañana, cuando la profesora Claudia Fusé, representando a todo el grupo de docentes a cargo, planteó la importancia del proyecto Arbolar en nuestra institución: 

Desde el origen de la especie, el hombre como sujeto de cultura ha ido transformando su hábitat y su modo de relacionarse con el medio. A partir de la segunda mitad del siglo XIX y fundamentalmente desde la segunda mitad del siglo XX los ritmos de cambio se han acelerado debido al avance de nuevas tecnologías. Este hecho tuvo, entre sus consecuencias, no sólo el deterioro progresivo del ambiente sino también la imposición de modos de vida (que incluyeron formatos de producción, salud, etc.) poco respetuosos de las características socioculturales de quienes originariamente habitaban diferentes espacios territoriales.

La educación ambiental y ciudadana desde las escuelas cumplen un rol fundamental en la reflexión de la relación del hombre con el hombre y en su vínculo con el medio ambiente. Problemáticas como la inclusión, la pobreza, la asimilación cultural, la desertización, la contaminación, la pérdida de biodiversidad, entre tantos otros, surgen, en gran parte, por falta de evaluación y consideración previa de las acciones humanas.

La propuesta que iniciamos el año pasado en torno al Proyecto ARBOLAR se posiciona en aquel paradigma que está forzando a científicos y pedagogos a revisar fundamentos y conceptos, entre ellos, los de educación, ciudadanía, ambiente y salud.

(…) La ciudadanía, a nuestro entender, debe ser entendida como una responsabilidad con nuestra vida social y un compromiso con el otro.

(…) Porque un paradigma holístico de lo ambiental no solo abarca la interrelación del ser humano con el ambiente y la sociedad sino que también supone la construcción de valores de equidad y desarrollo sostenible.

(…) Es por todo esto que esta tarde damos re-inicio al proyecto ARBOLAR: por la convicción de que ciertos temas deben ser discutidos, debatidos y reflexionados en espacios como el escolar aunque por años hayan sido no accidentalmente invisibilizados desde distintas instituciones sociales.

Agradecemos de antemano a todos los que de un modo u otro se suman a esta iniciativa y alentamos al resto a acercarse, a sumarse para poder construir entre todos un mundo cada día más justo, más respetuoso y más sostenible.

 

Mientras la profesora Claudia Fusé hablaba, la bandera wichí y la bandera argentina flameaban juntas en el mástil de nuestro patio. Un símbolo de esta necesidad de construir un mundo más justo…

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A través del Proyecto ARBOLAR  se promueve la instalación de viveros comunitarios en la zona de Misión Chaqueña, para que funcionen como una alternativa a la actual situación que pone en riesgo la libertad y la vida de pueblos enteros que, por el hambre y la falta de empleo formal, no tienen otra opción. En este sentido, a través de la Fundación Deuda Interna se plantea la idea central de reforestar el país y de esta manera visualizar la situación de despojo medioambiental, social, cultural, sanitario y político que viven los pueblos originarios en Argentina.

Este fue el objetivo de la reinauguración del proyecto, que se desarrolló durante toda la jornada del 17 de abril: reabrir nuestro vivero forestal escolar, con la participación activa y comprometida de nuestros alumnos y de distintos actores de nuestra vida escolar. Una jornada para pensar, con la presencia de Mauro, en la importancia de nuestro entorno, para poner en práctica actitudes y hábitos de cuidado y responsabilidad medioambiental.

Continuando otros hitos ya abiertos en nuestro trabajo escolar, este es un proyecto transversal que combina las distintas especialidades, como son las Ciencias Sociales, las Ciencias de la Comunicación y las Ciencias Naturales, en pos de un mayor compromiso entre ciencia y política, para de esta forma  invitar a los jóvenes a relacionarse de una manera nueva con las comunidades aborígenes que hoy se plantean la misma temática: la reforestación de sus bosques nativos, que para ellos, incluso, cobra significados plenos también desde sus concepciones espirituales. El monte, sinónimo de vida y de movimiento, de ciclo vital y de espíritu sagrado, se extiende desde tiempos inmemoriales para ellos, desde tiempos en los que aún no se hablaba de ecología, ni de medio ambiente, pero se hablaba de madre tierra, de unidad entre el hombre y la naturaleza, de respeto por la vida del bosque…

Desde nuestro lugar como escuela, el encuentro con esta cultura nuestra, de nuestra Argentina, es una decisión de cambiar la mirada y, también, de entender que somos nosotros los que debemos aprender de ellos, para generar un verdadero encuentro, plasmado en esas banderas que flamean juntas sin que una se imponga a la otra.

En un proyecto a la par, el vivero de nuestra escuela se plantea como un trabajo en espejo con otro vivero que irá creciendo en el monte nativo de la comunidad wichí. Ese vivero en Salta, propulsado por la Fundación Deuda Interna, ayudará a la sustentabilidad del medio y a reforestar el monte del cual la comunidad extrae sus medicinas y su alimento, y que es parte indisoluble de su propio sistema cultural. Su cosmovisión solo puede entenderse como fruto de la construcción del hombre dentro de su medio natural. Hombre y medio como dos fuerzas vivas dentro de esa mirada del mundo.  

Agradecemos la presencia de Mauro Vaca junto a su madre Margarita, que nuevamente se acercaron a nuestra escuela para compartir y hacernos pensar desde otro lugar…

Agradecemos la tarea de todo el Centro Parroquial, en sus distintos niveles, que participaron con compromiso y entrega para hacer posible esta reinauguración, en un trabajo que recién empieza.

Agradecemos especialmente a Mara Abrate, alumna de 6to. año Naturales, quien a partir de la convocatoria de la profesora Andrea Schnidrig, diseñó y llevó a cabo los murales. “Para mí el árbol es un símbolo y un ejemplo de vida. Intenté plasmar esa idea que nos hace pensar que tenemos raíces a partir de las cuales nos desarrollamos como personas; las ramas y frutos son el reflejo de nuestra personalidad;  el oxígeno y la sombra que produce el árbol, los relaciono con lo que recreamos en nuestro interior para ofrecer a los demás.  Y como, desde mi visión, la vida no es vida sin color, incluir el color en las ramas me pareció la metáfora perfecta…”: con estas palabras, Mara transmite su entusiasmo por el trabajo realizado, que sin duda lleva en sí mismo mucho de su creadora. Destacamos, además, la posibilidad de haber reciclado las maderas de viejos bancos para reutilizar en este mural, en sincronía con la filosofía  del proyecto.

Agradecemos también la presencia invalorable de exalumnos de la institución que se sumaron con ganas y energía para construir juntos una jornada distinta: nos referimos a los integrantes de Iceberg del Sur, que desde el primer momento apoyaron la idea con su música y su presencia.

Un nuevo hito en la historia de nuestra escuela. Y un nuevo paso para que toda la comunidad de nuestra ciudad se sume, se acerque, colabore y repiense, a partir de este contacto con una comunidad con sus propias idiosincrasias, visiones tan importantes como las de política, educación, salud, medio ambiente, cultura, historia y desarrollo.

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De izquierda a derecha: el cacique Mauro Vaca, la profesora Andrea Schnidrig y la profesora Jacquelina Giordana.

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Un grupo de alumnos de sexto año, junto a su profesora.

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El mural diseñado y pintado por Mara Abrate, alumna de 6to. año Naturales.

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Los músicos de Iceberg del Sur, junto a la prof. Schnidrig, Mauro Vaca y su madre (izquierda), y Emilio Iosa (derecha de la foto).

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Sueño eterno. Mauro Vaca asentando el lema en su idioma, símbolo de su cultura y su cosmovisión.

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