ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO 11 DE SETIEMBRE – DÍA DEL MAESTRO

Cuando celebramos el Día del Maestro, conmemoramos un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento.

Los alumnos de 2º grado, homenajearon a cada docente de nuestra escuela y a su vocación. Una vocación inspirada en el ejemplo de Jesús Maestro que nos invita a seguir su camino con una mirada amorosa, una palabra justa y un gesto fraterno hacia nuestro prójimo.

No podemos hablar de escuelas, ni de maestros, sin tener en cuenta a Sarmiento, ese sanjuanino que desde una niñez humilde y pasando por los más variados oficios y profesiones, llegó a ocupar un lugar en la historia argentina.

En la figura entrañable de Sarmiento, se vieron reflejadas las claras intenciones de crear una Nación. Convencido de que la educación asegura el progreso, defendió sus ideales con pasión y los practicó toda su vida.

  • A los 4 años empezó a leer. A los 15 años creó su primera escuela y empezó a ser maestro.
  • Fue periodista, militar, presidente, escritor y un convencido de que la educación nos sacaría de la ignorancia.
  • Por eso construyó muchísimas escuelas.
  • Defendió la educación y el guardapolvo blanco para que todos seamos iguales.
  • Hizo una Ley para que la enseñanza de nuestro país sea pública, gratuita y obligatoria.
  • El 11 de septiembre de 1888 falleció. Por eso todos los 11 de septiembre celebramos El día del Maestro.

Con el paso de los años muchas cosas cambiaron, otras no tanto… Lo que sí se mantuvo vigente es el AMOR a la VOCACIÓN y la convicción de que la ¡EDUCACIÓN ABRE ALAS, BRINDA OPORTUNIDADES! Y aquí estamos… por nuestros niños, apostando por un mundo mejor, creyendo que podemos ser los formadores de agentes de cambio. Por eso nos sentimos orgullosos de que nos llamen: ¡MAESTROS!

Ser maestro es un acto de fe. Fe en la posibilidad de cambiar el mundo educando, fe en el individuo, fe en la supremacía de la riqueza de cada persona.

Ser maestro es un acto de amor. Porque la entrega de uno mismo está implícita en la tarea, porque se da a manos llenas sin esperar retribución.

Ser maestro es ser un soñador. Creer en el espíritu del ser humano. Y creer que algún día, al final del camino, podremos entregarle esa antorcha a un discípulo, otro soñador.

* La organización  estuvo a cargo de los docentes  y alumnos de Segundo grado.


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