2 de Abril

Hace ya algunos años, más de los que me gustarían, un profesor nos leyó un cuento muy particular. Su protagonista, un reloj averiado, volvía a la vida todos los días solo un segundo, aquel que coincidía con la hora justa en la que sus agujas habían quedado detenidas.

Pensando en nuestro calendario y en especial en la fecha que conmemoramos hoy, creí ver una gran similitud. Y es que cada 2 de Abril me resulta inevitable no considerar que volvemos a recordar de forma vívida todo el horror de la guerra, todo el dolor que significó el sacrificio de jóvenes que en muchos casos fueron convertidos en soldados sin quererlo.

Aún recuerdo a mi abuela con su dolor de mujer, que es dolor de madre (y con su experiencia en otra guerra), decirme lo inentendible que le resultaba ver cómo a hijos que habían sido concebidos con amor y para la vida, se los  llevaban y usaban para la muerte.

Y es que ella bien sabía que quien a la guerra va, de la guerra no vuelva, aunque en ella no muera.

Cuánto más dolor nos traen los 2 de Abril si en vez de transitarlos solos, a su transitar le sumamos cada 24 de Marzo. Dolor por una guerra criminal como todas las guerras, dolor por un gobierno criminal que sumó un crimen más al llevarla a cabo.

Recordamos, sí. Revivimos, muchos sí. Ejercemos la memoria, solo en parte. Hay quien dijo que la memoria más que un deber, era un derecho. Yo digo que es un derecho y un deber.

Deber de dejar de reducir el recuerdo de nuestro pasado, sobre todo el reciente, a la mera conmemoración en un día puntual.

Deber que es, en cambio, el de trabajar críticamente todos los días nuestra memoria para poder entender cómo se llegó a ese 2 de Abril, y para entender por qué, a pesar de la desaparición en algunos de nuestros mapas oficiales, o a pesar de ser llamadas por su apodo inglés, las Malvinas son argentinas.

Prof. Nicolás Kippes


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