12 de Octubre: construcciones de la otredad – 17/10/2016-

Los profesores Nicolás Kippes y Luis Pérez nos propusieron reflexionar sobre los significados del 12 de Octubre a partir de las representaciones: en un panel central, diferentes fotografías nos dejaban asomarnos a postales de principios del siglo XX, que por aquel entonces se vendían y distribuían en todo el país, y buscaban construir una imagen de lo otro exótico en relación a los pueblos originarios. Lo salvaje se construía por oposición a lo civilizado, y viceversa.

Las frases que acompañan las fotografías, nos interpelan. “Es mucho más lo que (las fotos) nos dicen sobre la estructura mental de los blancos, que de los pueblos originarios”. En todo Occidente los civilizados construyeron shows donde las autoridades afianzaban lo que se construía desde la ciencia y la filosofía de la época: el occidente blanco era superior y debía extender la civilización a los pueblos que, al decir de Hegel, se habían caído de la historia. Los indígenas salvajes se convertían en zoológicos humanos o en protagonistas de espectáculos donde se pagaba para verlos derrotados. La conquista y el exterminio avanzaban y se justificaban. El otro indio debía aparecer como aquel salvaje que el Norte nos había mostrado. De allí que para fotografiar a los nativos de nuestros pueblos, muchas veces se los disfrazara para que se parecieran a esa imagen de indio con plumas que teníamos en nuestro imaginario a partir de una construcción que ni siquiera se había hecho en nuestras tierras.

Junto con la representación en imágenes, las palabras de los profesores Kippes y Pérez nos propusieron pensar lo representado:

Dentro del calendario, existen infinidades de recortes, selecciones  que asociamos a fechas en particular y a las que hacemos nos resulten relevantes por justos motivos. El 12 de Octubre es uno más de esos recortes que, sin embargo, no pueden y debe ser solo uno  más. El 12 de Octubre no solo nos recuerda el inicio del choque cultural que llevó al cataclismo a sociedades que antes de la conquista no conocieron ni hambrunas ni pestes, o al menos eso nos dicen esos  sabios que gustan de leer  huesos y son llamados forenses.

El doce de Octubre no solo nos recuerda el comienzo del ensañamiento de la miseria para con los hijos originarios de esta tierra, que hace tiempo llamamos  América. El 12 de Octubre de 1492 comenzó también el proceso por el cual se invisibilizó a los pueblos originarios, haciendo que lo que parecía capaz de existir solo en cuentos o leyendas, se hiciera realidad.

Los hombres invisibles comenzaron a existir.

Invisibles en su propia tierra.

Invisibles en su forzada miseria.

Invisibles  a pesar de su testaruda lucha por no desaparecer.

Invisibles a pesar de todo.

Creo, y conmigo creen todos los que han colaborado en la realización de las intervenciones destinadas a conmemorar esta fecha, que es un deber ético y moral contribuir a deshacer y desandar esa invisibilidad, mostrando, relatando, haciendo patente lo que pasó y pasa hoy con nuestros pueblos originarios y su suerte.

Hace tiempo, un uruguayo enorme, Eduardo Galeano, supo decir que 1492 fue el año en  que los pueblos originarios descubrieron que eran indios, que eran incivilizados y salvajes. Que estaban equivocados en lo que hacían y en lo que creían.

No fue por distraídas que estas personas andaban en tanto error. Hizo falta que vinieran otros y se lo remarcaran a sangre y fuego.

Ya son cinco siglos desde que los pueblos originarios son víctimas de la  prohibición de ser quienes son y de vivir a su forma y manera.

Van  siendo muchos años de ser considerados como a otro distinto. Un otro indeseable, maligno,  violento, dependiendo qué sea más redituable en cada momento.

Ya va siendo tiempo de que nuestra sociedad se vaya cuestionando  no solo esta consideración frente a los  pueblos originarios, primer paso para reivindicar una suerte de desgraciada impuesta a estos. Es tiempo ya también de que nuestra sociedad revise su  costumbre de construir su propia identidad por medio de la elaboración de un otro que posea todo lo considerado negativo por el propio grupo.

Pues si bien los pueblos originarios fueron los primeros, no son las únicas víctimas de esta costumbre. Tanto más sufrieron luego los gauchos, los inmigrantes, hoy los villeros.

Quizás la solución pueda radicar en la ontología de nuestros pueblos originarios, quienes ven a cada ser como una parte integrante fundamental del todo y que por su valor se identifican y validan. Bajo ningún punto de vista puede entenderse desde allí que se necesite alguien peor que uno para poder decir, “yo soy”.

Quizás allí, donde nuestra sociedad cree ver lo más incivilizado y negativo, esté la solución para redimirse para con los pueblos originarios y con ella misma.

Luego de estas palabras, Lourdes Cabrera, Ayrton Bruno, Agustín Navarro y Leandro Gómez se preguntaban y nos preguntaban, en una canción excelentemente interpretada tanto en la voz como en los instrumentos, cuándo nos abandonará La maldición de Malinche, enfermedad con muchos siglos ya sobre nuestra tierra.

Alumnos de 6°A, 6°B, 6°C, 5°B, 2°B y 1°B participaron de una intervención en la que representaban no solo la otredad, sino también la posibilidad de conformar una identidad con otros cuya existencia se reconozca y se visibilice. Una identidad que no requiera fundarse en el exterminio de la identidad ajena. Una identidad cuya existencia no se funde en la muerte (real o simbólica) del otro distinto.

Acompañando esta propuesta, las preguntas desde el pizarrón central nos interpelaban:

¿Vos conocés otras otredades?

¿Qué te pasa a vos frente a las otredades?

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