1° de Mayo

El primero de mayo conmemoramos el Día del trabajador y el Día de la Constitución Nacional.

En términos históricos, a partir del Congreso Obrero Socialista celebrado en París, en 1889, se institucionalizó el Día Internacional de los Trabajadores el 1º de Mayo, recordando a los “mártires de Chicago”, obreros que en 1886 organizaron movilizaciones reivindicando derechos laborales, entre ellos, la jornada de ocho horas, que terminó en represión y muerte.

En 1954 el papa católico Pío XII apoyó tácitamente esta jornada de memoria colectiva al declararla como Festividad de San José Obrero, patrono de los trabajadores.

También un 1º de Mayo, pero de 1853, el Congreso Constituyente de Santa Fe aprobó la Constitución de la Confederación Argentina, producto de la necesidad de sentar las bases para organizar la Nación argentina, con la finalidad de constituir la unión nacional, afianzar la justicia y consolidar la paz interior, ideales que hasta hoy como argentinos seguimos anhelando y por los que debemos seguir trabajando.

Y hacemos énfasis en esta última palabra: “trabajando”…

… El trabajar es el medio para alcanzar nuestros sueños y defender nuestros ideales.

Si bien el diccionario de la Real Academia Española señala, entre sus acepciones, que trabajo es una ocupación retribuida y ,en otra, encontramos que trabajo es el esfuerzo humano aplicado a la producción de riquezas, nos gustaría hoy que pensemos juntos sobre los conceptos que el Papa Francisco puntualiza para que nosotros reflexionemos: en agosto del 2015 decía Francisco, textualmente: “El trabajo, se dice comúnmente, es necesario para mantener a la familia, para crecer a los hijos, para asegurar a los seres queridos una vida digna. De una persona seria, honesta, lo más bello que se puede decir: “Es un trabajador”, es uno que trabaja, es uno que en la comunidad no vive a expensas de los otros”. Y agrega,…”el trabajo, en sus mil formas, a partir de aquel hogareño, cuida también el bien común. Y ¿dónde se aprende este estilo de vida laborioso? Primero que nada se aprende en familia. La familia educa en el trabajo con el ejemplo de los padres: el papá y la mamá que trabajan por el bien de la familia y de la sociedad”.

También, la familia cumple un rol principal en enseñarnos valores y, por ello, tenemos que entender al trabajo como una actividad dignificante y repudiar situaciones de trabajo esclavo, con condicionantes indecorosas o sin las condiciones básicas para que cada trabajador pueda proyectarse como un ser íntegro y en armonía.

Una alumna de sexto año escribió: “El trabajo tendría que ser tu vocación. No una necesidad para vivir, no algo alienante, que te deje cansado, sin ganas de volver….”

Ella nos habla de vocación y entonces nos preguntamos: ¿Todo nuestro hacer es por vocación?

Los recolectores de los residuos que todos generamos, las personas que trabajan en tareas en casas de familia, los que horas y horas manejan un camión, los empleados en fábricas donde el ruido permanente hace que tengan que usar un uniforme adecuado pero no siempre cómodo, y podríamos seguir…. ¿Todos ellos eligieron por vocación? 

Desde nuestra visión cristiana el trabajo nos dignifica, nos hace semejantes a Dios, que trabajó y trabaja siempre, nos da la capacidad de mantenernos a nosotros mismos, a la propia familia y de contribuir al crecimiento de la propia nación, en definitiva y como dijo Francisco “el trabajo nos permite cuidar del bien común”. Es la actitud con la que asumimos nuestro hacer cotidiano la que nos permitirá transitar momentos de agobio y cansancio que no dudamos puedan aparecer. Es como cristianos reconocer nuestro trabajo como ofrenda a Dios.

Finalmente creemos que debemos comprometernos todos en el estudio, en el trabajo, en la relaciones de amistad, en la ayuda hacia los demás. Nuestro futuro depende también del modo en el que decidamos vivir cada día. No tengamos temor al compromiso, al sacrificio, y no miremos con miedo hacia adelante; mantengamos viva la esperanza de que con amor y trabajo, caminaremos hacia un mañana mejor.

Prof. Gabriela Villani y Fanny Trombotto

 


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