02S ¿Por qué a la escuela? Sentimientos… la palabra nos sigue convocando… – 05/09/2016 –

Escribir sobre lo que nos pasó y nos sigue pasando, poner palabras a los sentimientos implica visibilizarnos, visibilizar lo que pasa en nuestros corazones, nuestros cuerpos, en el cuerpo de las instituciones.

Siempre repetimos que las instituciones son “no sólo la arquitectura, sino el conjunto de elementos simbólicos e imaginarios que dan forma a los sujetos que las habitan”. Lo que pasó el viernes atravesó el cuerpo de quienes habitamos esta escuela, porque atravesó y afectó nuestros elementos simbólicos…. Se violentó un ingreso, se quemó un aula. Se quemaron los cuadernos de niños de primer grado que plasmaron sus primeras letras, se robaron los microscopios que posibilitaban estudiar…. Se violentó la arquitectura, pero por sobre todo, el cuerpo de quienes habitamos cada día estos espacios. Como todo acto violento es un antes y un después…

¿Cómo expresar esta afectación? ¿Cómo expresar lo que nos significa? Muchos lo expresaron en lágrimas, en gestos, diciendo “acá estamos”, con presencia física o de palabra, ofreciendo sus manos para pintar las paredes, disponiéndose para lo que se necesite, estando a nuestro lado… Pero nada devuelve cuadernos con primeras letras, el despojo de un lugar que todos los días nos cobijaba, las carteleras que habían aprendido a hacer, un aula que contenía niños y adolescentes como espacio, los lazos expresados en momentos vividos en los rincones, las escrituras a escondidas en los bancos… es decir, la vida cotidiana de un lugar donde se enseña y se aprende… donde cada día nos encontramos con los ojos, las mentes, las palabras, los cuerpos, el corazón… Lo hecho es irreparable, no vuelve.

No nos corresponde a nosotros juzgarlo. Será la ley la encargada de hacerlo, de dar repuestas, de colocarle un nombre legal a los hechos y actuar en consecuencia. Esa no es nuestra función como escuela. Pero sí nos corresponde pensar esto que nos pasó, porque también nos pasó a  todos. Y la escuela puede pensarlo haciéndose preguntas. ¿Qué representa para ellos la escuela? ¿Qué valores fueron enseñados que no fueron aprendidos? ¿Por qué atacaron esta escuela, nuestra escuela? ¿A quién le hablaron?

Cuesta pensar en sus rostros, en sus nombres, porque ellos se presentan sin rostros, sin nombres, son sombras moviéndose en las oscuridades porque no pueden mostrarse. Quizás no saben reclamar, no saben pedir, no saben hablar, no saben querer, simplemente, o por sobre todas las cosas, no saben… Y no saben justamente aquello en lo que nosotros creemos: pedir, pensar, establecer lazos, reclamar, argumentar, analizar, hablar, querer…

Y como nosotros sí creemos en eso, nos seguimos haciendo preguntas: ¿qué significa un cuaderno de primer grado, con las primeras huellas del trazo de un niño? ¿Significa para todos lo mismo? ¿Por qué no? ¿Qué significa un espacio escolar compartido, un espacio que incluye vivencias, alegrías, incertidumbres, logros y aprendizajes? ¿Esas vivencias nos importan a todos de la misma manera? ¿Por qué no? ¿Por qué una escuela, un aula, un cuaderno, una letra, un pensamiento para algunos es un espacio a defender y para otros, un espacio a violentar?

Pero también hoy escuchamos que el sufrimiento es una oportunidad. Oportunidad de mirarnos a los ojos y decirnos que lo que nos une es el deseo de educarnos, de encontrarnos para crecer, de sostenernos, de fortalecernos, de redoblar esfuerzos, de apostar confianzas… Porque nosotros tenemos rostros, nombres, podemos hablar, pensar, reclamar y hasta perdonar… porque quienes actuaron también tienen que tener la oportunidad de pedir perdón, de volver a ser, de ponerse rostros y nombres. Este sufrimiento que nos atraviesa también nos hizo sentir de qué forma estamos acompañados, de qué manera somos queridos… A todos aquellos que nos acompañaron en esta tristeza un GRACIAS infinito, porque esos gestos son caricias al alma, son las redes que nos sostienen y nos dan sentido… ¡¡Y fueron muchas…!!

A pesar de todo… pondremos la educación en valor. Seguiremos y aumentaremos los esfuerzos por enseñar más, por educar mejor, por amar más, para que no haya jóvenes o adultos que tengan el deseo o necesidad de atacar una escuela, expresada en esos cuadernos, carteleras, microscopios, aulas que simbólicamente representan el lugar de encuentro entre adultos y niños y jóvenes en el acto maravilloso de educar.

Educar también es creer que el otro puede aprender, puede cambiar, puede amar…

Tal vez también nos toque sostener con más firmeza, como Jesús nos enseñó, el “ama  a quien menos lo merece y perdona al que más lo necesite”

 

Equipo de Conducción del

Centro Parroquial Margarita A. de Paz


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